Más de 800 artistas, entre ellos Scarlett Johansson y Cate Blanchett, han acusado públicamente a las principales empresas tecnológicas de utilizar ilegalmente su trabajo protegido por derechos de autor para entrenar modelos de inteligencia artificial (IA). La acción colectiva, organizada por el movimiento “Robar no es innovación” de Human Artistry Campaign, exige asociaciones éticas en lugar de extracción de datos no autorizada.
El núcleo de la disputa
La carta critica a los desarrolladores de IA por construir plataformas sobre propiedad intelectual robada. Se acusa a las empresas de explotar la creatividad de escritores, músicos, actores y otros artistas sin consentimiento ni compensación. Esta práctica ha desencadenado aproximadamente 60 demandas en curso sólo en Estados Unidos, y se han desarrollado batallas legales similares en Europa.
La cuestión fundamental es cómo se entrenan los modelos de IA. Estos sistemas requieren conjuntos de datos masivos (que incluyen texto, imágenes, música y videos) para aprender y generar contenido nuevo. Gran parte de estos datos se recopilan de Internet sin el permiso explícito de los titulares de los derechos de autor. Las empresas de IA afirman que esto se incluye en el “uso legítimo”, mientras que los creadores argumentan que se trata de una infracción flagrante que amenaza sus ingresos y su propiedad intelectual.
Lo que está en juego para los creadores
El conflicto no se trata simplemente de tecnicismos legales; se trata del futuro de las industrias creativas. El sector creativo de EE. UU. es un importante motor económico, que genera empleos, crecimiento y exportaciones. Los artistas temen que el entrenamiento no controlado en IA devalúe su trabajo, lo que dificultará el mantenimiento de sus carreras.
La situación pone de relieve una tensión crítica entre la innovación y la ley de derechos de autor. Si bien la IA ofrece nuevas y poderosas herramientas, el método para obtener datos de entrenamiento está cada vez más bajo escrutinio.
Escaladas recientes
La disputa llegó recientemente a un punto crítico cuando OpenAI enfrentó críticas después de que su función de voz de IA se pareciera mucho a la voz de Scarlett Johansson de la película de 2013 “Her”. El equipo legal de Johansson intervino, lo que obligó a OpenAI a suspender la opción de voz similar. Este incidente subraya el impacto en el mundo real del entrenamiento no autorizado en IA.
La carta sirve como una cruda advertencia: si las empresas de tecnología no abordan las preocupaciones sobre derechos de autor, son inevitables más desafíos legales y reacciones públicas.
En última instancia, esta situación obliga a reflexionar sobre la ética y la legalidad del desarrollo de la IA. El futuro de las industrias creativas puede depender de si las empresas de IA eligen la colaboración o la explotación continua.
