Sony tuvo la PlayStation 2. Fue dueña de la sala de estar durante una década. Luego, en el E3 de Los Ángeles, dejaron caer el martillo en su tercer intento por alcanzar el trono. La PlayStation 3. Llegó con mucho equipaje, muchos caballos de fuerza y un precio que hizo que todos parpadearan.
Dejemos de lado las tonterías del marketing. Sobre el papel, la PS3 estaba tecnológicamente adaptada a la Xbox 360 de Microsoft. Ése es el titular. La realidad era más complicada. Pero mirando hacia atrás, las opciones de hardware definieron toda la era.
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El procesador CELL: una bestia compleja
En el corazón de la máquina se encuentra el procesador CELL. No fue sólo un chip. Fue una colaboración entre Sony, IBM y Toshiba. Un esfuerzo tripartito que prometía cambiar la forma en que se procesaban los juegos.
La arquitectura se construyó sobre núcleos PowerPC. Funcionó a 3,2GHz. Eso es rápido. Pero la velocidad no lo es todo. El diseño era poco convencional. Dependía en gran medida de unidades especializadas para descargar el trabajo. Los desarrolladores lo odiaron. A veces todavía lo hacen. Pero para los consumidores, significó una potencia de procesamiento bruta que otras consolas no podían alcanzar, al menos en papel.
Junto con eso estaba el coprocesador RSX. Manejó los gráficos. Con una frecuencia de 550 MHz, proporcionó el músculo visual. No se trataba sólo de texturas bonitas. Se trataba de sentar las bases para los juegos de alta definición. Un futuro que parecía lejano en 2005 pero que se convirtió en estándar en 2010.
Memoria y almacenamiento: creado para datos
Luego está el recuerdo. 512 MB de RAM. Para una consola de 2006, eso fue sustancial. Permitió mundos más grandes, física más compleja y texturas más ricas. Podías ver la diferencia en títulos como Gran Turismo 5 o Metal Gear Solid 4. La capacidad de la memoria fue el héroe anónimo de la longevidad del sistema.
Pero la PS3 no se trataba sólo de procesar juegos. Se posicionó como un centro de medios. Un “asesino de PC” en el sentido de entretenimiento en el hogar.
Conectividad: el enfoque todo en uno
La conectividad fue lo que Sony hizo grande. No sólo querían que jugaras. Querían que vivieras en el sistema.
- Disco duro: Extraíble. Estándar. Básico.
- USB: Seis puertos. Podrías enchufar casi cualquier cosa.
- Lector de tarjetas: Multiformato. Memorias USB, SD, CF. Los leyó todos.
- Inalámbrico: WiFi y Bluetooth integrados. No se necesitan llaves.
¿Y la unidad óptica? Reproducía todos los formatos de DVD. Incluyendo Blu-ray. Esta fue la clave. En aquel momento, el Blu-ray era el formato premium. Contenido de alta definición. Alta definición. La PS3 era una de las únicas formas asequibles para que los usuarios promedio accedieran a películas en HD. Esa única característica impulsó las ventas más que cualquier juego.
Por qué es importante ahora
Mirando hacia atrás, la PlayStation 3 parece un puente. No sólo entre generaciones. Pero entre la era de los juegos basados en discos y la era digital. El disco duro permitía descargas digitales antes de que estuviera de moda. Las características de conectividad prefiguraron la era de la televisión inteligente.
El procesador CELL
